La trama de corrupción que investiga el juzgado de Aranjuez en torno a la empresa Interligare, S.L. se extiende como una mancha de aceite. Todos los presuntamente implicados tienen relación directa con Interior. La pasta, presuntamente, se "escapaba" del ministerio a través de la Dirección General de Infraestructuras, al frente de la cual estaba Luis Luengo. Según datos de la Policía Judicial revelados por El Mundo, el mecanismo era sencillo. Alicia Álvarez, subdirectora de Infraestructuras y Material de la secretaría de estado de Seguridad, enviaba el pliego de prescripciones técnicas a Alexandre Hermida, director general de Interligare, y la consultora adaptaba dicho pliego a las condiciones, productos, procesos, características técnicas y servicios de Interligare, S.L. La empresa devolvía el pliego a la Secretaría de Estado, a Francisco Villanueva, mano derecha de Alicia Álvarez, para su tramitación. En definitiva, Interior enviaba las condiciones que se exigirían para la adjudicación de un proyecto a la empresa Interligare, S.L., ésta adaptaba todas las exigencias a su medida y devolvía a interior el pliego para publicar el concurso, que como no podía ser de otra manera, ganaría de calle. ¿La pregunta que cabe hacerse, es que si esto era así, cuántas veces habrá pasado, con cuántas empresas y en cuántos ministerios?
Además están presuntamente implicados altos cargos de Interior, algunos aun en sus puestos, como Gabriel Fuentes, ex subdirector general del Gabinete Técnico de Interior con Juan Alberto Belloch, ex comisario general de Información, que actualmente es asesor del ministro Jorge Fernández Díaz, además de vicepresidente de Interligare, S.L., Miguel Ángel Fernández Rancaño, jefe superior de Policía de Madrid durante los atentados del 11-M, ex mano derecha de Rafael Vera así como también consejero de Interligare, S.L., Luis Luengo Alfonso, presuntamente pieza clave de toda la trama y Director General de Infraestructuras durante el mandato de Alfredo Pérez Rubalcaba, época donde se produjeron los hechos. Los hijos de este, David y María Eugenia Luengo Riesco, aparecen como directores de Interligares, S.L., lo que parece una muestra de descaro y sensación de impunidad por parte de los implicados, en el caso de confirmarse los hechos presuntamente delictivos que cometieron.
La presencia de otro nombre, no menos relevante, relacionado con el ex Vicepresidente del Gobierno, José Blanco, termina de redondear el laberinto de corrupción que desvela El Mundo. No es otro que José Luis Martín Juárez, presidente de Interligares, S.L.
Pero también, como es tradicional en todas estas tramas en las que de alguna manera aparece cerca el nombre de Rubalcaba, parece que estos señores tenían un objetivo político. ¿Será la trama la forma de remunerar ciertos "servicio" al ex ministro Rubalcaba? La incógnita queda en el aire y es a la justicia a quien corresponde desvelarla. Pero lo cierto es que existen sospechas. El Mundo revela que "la banda de Interligare" alquiló dos pisos en la calle Génova, uno de ellos en el número 15, a sólo 12 metros de la sede nacional del PP. Desde allí usando instrumentos de última generación de procedencia israelí, que podrían haber sido prestados por la propia Policía, presuntamente se habrían realizado las supuestas escuchas telefónicas.
Cuando Alfredo Pérez Rubalcaba espetó a Carlos Floriano la famosa frase "ten cuidado porque veo todo lo que haces y oigo todo lo que dices" despertó todo tipo de sospechas. ¿Tiene esa frase que ver con el supuesto Watergate español? ¿Motó Rubalcaba su propio "Rubalgate"? Todas estas interrogantes quedan en el aire a la espera de que la justicia, tan lenta como de costumbre, nos ilustre sobre lo sucedido, pero no deja de ser inquietante que la fama que tiene Rubalcaba de ser un hombre muy bien informado provenga no de su capacidad y de las amistades que compartan con él confidencias, si no de manejos sucios y prácticas muy alejadas de los principios democráticos que cualquier político con su nivel de responsabilidad debería guardar y que según todos los indicios presuntamente pudo no hacer.


