Se acordó conceder un año más a nuestro país para llegar al déficit del 3%, que deberá conseguirse en 2014 y no el año que viene como en principio estaba previsto. Por otra parte, se relajan las exigencias de déficit para este año, desde el 5,3 al 6,3, es decir, un punto más, y se admite que en 2013 el déficit alcance el 4,5%. Esta relajación de las exigencias está más en consonancia con la realidad, dado que la recesión que vive nuestro país imposibilita el escenario inicial, luego más que una concesión del Eurogrupo es la constatación de que otro escenario resultaría imposible aunque se realice el mayor de los esfuerzos.
A cambio de este nuevo escenario, España deberá aplicar nuevas reformas estructurales, como las anunciadas esta última semana, al tiempo que recibirá la supervisión trimestral de la evolución del déficit, adicionalmente a los controles que viene desarrollando periódicamente la Troika. También se exigirá la presentación de las previsiones de cuentas y ajustes para los dos próximos ejercicios que garanticen el cumplimiento de los objetivos de déficit, con detalle de las reformas y medidas estructurales para lograrlo. Además, España ha cedido su puesto en el Consejo Ejecutivo del BCE, en favor del candidato Luxemburgués, país que amenazaba con vetar cualquier acuerdo si España no cedía en este aspecto.
Según la cotización que presenta la prima de riesgo, este acuerdo no ha supuesto un especial impacto en su cotización, puesto que al margen de la incertidumbre sobre la recapitalización bancaria, lo que más pesa son las dificultades de colocación de la deuda por la huida de los inversores extranjeros de cualquier título que huela a España. Se va a precisar financiación adicional mediante compra de deuda por parte del Mecanismo Europeo de Estabilidad, porque nuevos programas del BCE parecen definitivamente descartados, por lo menos hasta la fecha. Este extremo, el más vital para la estabilidad del Estado, no se ha cerrado en esta reunión.
Nos encontramos en un escenario en el cual el Gobierno tendrá que pedir y pedir y se le irá concediendo con cuentagotas, mientras se vaya viendo que se encauza la situación del déficit público. Europa no quiere una gran Grecia tirando de la cuerda, prefiere que estemos contra las cuerdas mediante un rescate informal sabedora de que manteniendo a nuestro país con medidas siempre a corto plazo es más fácil meterlo en cintura.
Es lógico que el Gobierno lo presente como un gran acuerdo, cualquiera lo haría, pero en realidad no ha conseguido nada que le proporcione a la colocación de la deuda una solución estructural. Tan sólo ha conseguido de momento 30.000 millones para la banca, con endeudamiento del Estado de momento, y dejando para mañana darle otro cauce según como vaya todo y si se aprueba la supervisión única bancaria el año que viene. Lo que España tiene que cumplir no tiene dilación, lo que el Eurogrupo implementará se dilata a nuevos pactos. España debe poner hechos en forma de un durísimo ajuste frente a 30.000 millones, que no es gran cosa, y muchas promesas del Eurogrupo.


