Serial: Lo que aprendí de los buenos líderes
Nota: este serial dentro de la temática de Liderazgo, lo iniciamos hoy con la finalidad de cubrir un aspecto a menudo olvidado, por no decir, subvaluado, que es el aspecto formativo del liderazgo. Los buenos líderes se preocupan en formar a su gente y en explicar por qué se toman determinadas decisiones. Y les aseguro que no hay mejor formación en liderazgo que aprender de las pequeñas cosas de la vida, que al final son las que determinan el carácter de los hombres.
El escritor norteamericano Malcolm Dalkoff relató en una ocasión, que un día de octubre de 1965, su maestra de lengua y literatura en la escuela de enseñanza media les dio como tarea leer el libro “Como matar a un ruiseñor” de Harper Lee.
El ejercicio literario consistía en escribir un capítulo que fuera a modo de continuación del final de la novela. Fue esta tarea que por simple que parezca y como una más de las tantas que encargan los maestros, la que predispuso y condicionó al mismo tiempo el futuro de ese niño que se convertiría años más tarde en un escritor consagrado.
Los buenos líderes saben perfectamente el poder que tiene la palabra. Muy especialmente una palabra oportunamente dicha. A todas las personas siempre hay una palabra, un ejemplo, una orden, un comentario, una anécdota, que le hacen cambiar el punto de vista, la visión que habían tenido hasta ahora de las cosas, de su mundo.
Esto ocurre en el mundo empresarial, en el estudiantil, en el familiar.
Lo que parece más simple, lo que parece menos científico, es al final, la guía, el elemento ejemplar que determina un cambio de actitud.
Muchos cambios de actitud se han debido al observar y escuchar a otros, al seguir un ejemplo, al leer un párrafo de un libro…en suma: al incorporar una visión nueva a nuestra vida.


