- Por favor señor, salve a mi hija.
John Clayton, decimo Conde de Lancaster volvió la cabeza en dirección a la voz. Una mujer joven, rayando en la treintena, flotaba sobre las frías y oscuras aguas ayudada por un chaleco salvavidas, levantando en sus brazos a un niña de 2 ó 3 años, que tiritaba de frio.
Apoyando su cuerpo sobre la borda de la lancha, el conde cogió a la niña de brazos de su madre y se la entrego a su esposa que estaba a su lado. A pesar de haber cumplido los setenta años, John conservaba una fuerza notable.
Lady Diana abrazo a la pequeña y la abrigo con la manta que mantenía sobre sus hombros. Los ojos asustados de la niña, poco a poco se fueron tranquilizando. Una pequeña sonrisa ilumino su carita e hizo brotar lágrimas en los ojos de la esposa del conde de Lancaster.
John tendió su mano a la joven madre para ayudarla a subir. Un suave toque en su espalda le hizo volverse, el oficial que les acompañaba le miraba con el rostro preocupado.
- Perdón Sir, la lancha va sobrecargada en demasía, la niña apenas pesa, pero dudo que podamos aguantar el peso de una persona adulta. Corremos el riesgo de hundirnos todos. Lo siento mucho Sir, no puede subir.
El conde miro al joven oficial, sus palabras describían una clara realidad. Luego miro a la joven madre, fijo sus ojos un breve instante en la carita de la niña y volvió su mirada al rostro de su esposa. Lady Diana dudo solo un instante antes de asentir gravemente.
John se acerco a su mujer, toco levemente el rostro de la niña, beso a Lady Diana en los labios y salto al agua.
Nado hasta la joven, llego a su lado y la ayudo a subir a la barca. El joven oficial la izo hasta acomodarla junto a Lady Diana, que le entrego a la niña…otro pasajero le tendió su manta.
La joven miro a Lady Diana y luego volvió su mirada a John que nadaba junto a la barca, sus ojos se llenaron de lágrimas mientras abrazaba con fuerza a su hija.
Lady Diana lanzo un último beso, el joven oficial saludaba militarme al decimo conde de Lancaster, erguido sobre la barca, con profunda admiración en su mirada.
La barca siguió su camino, mientras John Clayton veía alejarse lentamente las letras pintadas en su proa… H.M.H.S. TITANIC


