Dulce oscuridad de noche infinita
Brillos plateados en jirones de azul
Susurros temibles en brazos del viento
Cuerpos de alabastro envueltos en tul
Procesión macabra de almas perdidas
Fantasmas etéreos flotando sin fin
Triste la mirada, las manos tendidas
Pálidos de cuerpo, teñidos de hollín
Los muertos del mar caminan inquietos
Buscando consuelo a su senectud
Jugando entre fuegos y auroras marchitas
Soñando con prados de paz y quietud
Tejiendo las redes que atrapan los sueños
Lanzando su canto terrible y mortal
Llorando en un mundo que no tiene dueño
Clavando sus garras de duro metal
Mares milenarios de miedos eternos
Hogar de las almas que buscan perdón
Tened compasión de mi alma cansada
Detened la hora de mi perdición


