Amistad, eres un bien tan precioso
que tornas en ministro al ignorante
y al inútil das empleo rimbombante,
bien pagado, lujoso y glamuroso.
Amistad, no pienses que estoy quejoso
por carecer de un cargo tan brillante
obtenido con mérito humillante
por obra del enchufe de un casposo.
La corte de mediocres va preñada
a enseñar sus bobadas por el mundo
demostrando lo bien que sabe nada.
De esa nave, que está desarbolada,
salen ratas de aliento nauseabundo
buscando donde dar la dentellada.
Amistad, que eres divino tesoro,
para alguno ahora brillas más que el oro.


