Desde el punto de vista tributario, en Roma se habla del erario público, lugar situado en el Templo de Saturno en el que se guardaba el Tesoro del Estado. Éste estaba compuesto por los tributos que se recogían, bien por imposición fiscal, bien por el clientelismo de los pueblos sometidos a Roma. También recogia botines de guerra y donaciones, aunque los primeros normalmente se aplicaban tanto al pago de las tropas como al enriquecimiento de los generales. Cuanto mayor fue la necesidad de mantener tropas estables, menos dependía su sostenimiento de los botines de guerra y sí de emolumentos prefijados, que fueron aumentado paulatinamente. La lealtad de las Legiones se compraba con riquezas, hasta el extremo de que hubo rebeliones por el simple hecho del retraso en las pagas. Algún emperador fue designado por ofrecer más que nadie en la subasta del cargo realizada por la guardia pretoriana.
Legionarios (siglo I)Las clases más altas, como los senadores, equites y, en general, quienes no pertenecían a la plebe, no desarrollaban el comercio ni por supuesto la actividad financiera, y si acaso se beneficiaban de estas no era por sí, sino aplicando sus fortunas a estos negocios a través de libertos o plebeyos, clases que se dedicaban a estos menesteres como propios de su condición. En los últimos momentos de la existencia del Imperio, el desclasamiento era generalizado, habiendo accedido a la ciudadanía personas de toda procedencia y condición, por lo que el ejercicio del comercio era una actividad que bien podía ser ejercida por cualquiera.
Las sociedades mercantiles propiamente dichas no existían, y las que había se basaban en las personas que se agrupaban con algún fin comercial pero sin constituir una personalidad jurídica independiente de ellas. Una de las formas societarias más avanzadas era las Sociedades de Argentarii, o sociedades financieras, en las que la responsabilidad solidaria de todos los miembros es una de sus señas características, a diferencia de otras sociedades mercantiles en las que la responsabilidad de cada uno se obtenía por la división de la responsabilidad común. Otra característica importante de las sociedades de Argentarii era el minucioso registro contable exigido a las mismas y la fé pública que hacía esta contabilidad a la hora de demostrar ante los magistrados las deudas contraídas a la sociedad por un determinado deudor de la misma. Los Numerarii ejercían el cambio de moneda y era frecuente verlos en las inmediaciones de las legiones romanas, en las que ejercían tanto éstos como otros comerciantes y cambistas incluso la tarea de liquidar en efectivo las compras de objetos provenientes de los botines de guerra, encargándose de su traslado para su posterior colocación en los mercados.
Miliorensis (moneda de plata), de Constantino IEl préstamo a interés y el depósito de efectivo eran prácticas comunes en Roma. Tanto es así que uno de los deudores más famosos fue Julio César, el mayor deudor privado de los últimos tiempos de la República, deudas que pudo con creces enjugar con los botines obtenidos en las Galias, y que le permitieron pagar favores, construir templos y comprar voluntades, algo en lo que los romanos fiaban más que en el mero convencimiento espiritual, dado el sentido práctico de su cultura.
La actividad económica del Estado influía con evidencia en el bienestar general, pues la constante construcción de obras públicas, además de proporcionar progreso material, mejorar las comunicaciones, y por ende el comercio, o la salud pública, era una fuente dinamizadora de la economía y del empleo, si así se le puede denominar, pues aunque la mayor parte de los trabajos más duros eran desempeñados en régimen de esclavitud, bien es cierto que múltiples ramas de la artesanía, la arquitectura y el arte precisas para llevarlas a cabo estaba en manos de libertos o plebeyos, algunos de los cuales pasaron a formar parte de la élite económica romana, y ni que decir tiene política, pues fueron libertos los más importantes consejeros y ministros de innumerables emperadores.
Curiosamente el término proletario (proletarii) proviene de las clases o estamentos romanos, y se refiere a un plebeyo (es decir, alguien que no forma parte de la gente, que no proviene de una de las familias o gens patricias de Roma) que no posee bienes de ninguna especie. En este sentido, proletario es igual a paria. En realidad, los proletarios y buena parte de los plebeyos obtienen parte de su sostenimiento en muchas fases de la historia de Roma a cargo del erario público, haciendo realidad el aforismo pan et circensis. Ya desde tiempos de Augusto los habitantes de la península itálica con estatus de ciudadanos romanos no estaban prácticamente sometidos a exacción fiscal de ninguna especie, salvo los impuestos sobre sucesiones, que estuvo en épocas establecido en un 5 por 100, o el impuesto sobre la venta de esclavos, que estaba establecido en un 4 por 100. También se conservaron algunos tributos, como el 1 por 100 sobre las ventas, pero en todo caso sólo afectaban a las clases más favorecidas que eran las que tenían bienes objeto de las transacciones gravadas. En general se establecen diezmos sobre cosechas y ganancias, y, en diversas épocas, era frecuente la liberación de los tributos atrasados por alguna celebración, para pacificar un territorio, sofocar una rebelión o compensar a las víctimas de catástrofes naturales.
Los censos fueron frecuentes en todas la épocas y tenían un fin tanto político como económico muy evidente. Servían para calcular las necesidades de aprovisionamiento, la posibilidad de realizar exacciones fiscales, disponer de tropas, financiarlas, el número de los pertenecientes a cada una de las clases sociales que, bien determinadas, las constituían en poseedoras de privilegios o beneficiarias de algún tipo de bien proporcionado por el Estado.
Como hemos apuntado, las obras públicas eran una fuente inagotable de riqueza y de estabilidad económica. Un ejemplo fue el nuevo puerto de Roma construido por Claudio (siglo I) que mitigó las carestías que producían los accidentes de las embarcaciones debido al escaso calado y poco abrigo del antigüo puerto de Ostia, lo que tuvo un reflejo claro en la mayor estabilidad de precios en un largo período.
En Roma ya se practicaban los rudimentos de la publicidad y el marketing, pues se grababan los nombres de los artesanos en muchos artículos fabriles, algunos de los cuales llegaron a adquirir gran fama y a ser reconocidos en todo el imperio por su calidad y características. Es una forma primitiva de la utilización de marcas, pero que estaba muy extendida. También abundaban los carteles en los comercios dando cuenta de su actividad o refiriéndose al nombre del comerciante. Los espectáculos se anunciaban con frases llamativas y los gladiadores eran verdaderas estrellas populares en algunos casos, amasando importantes fortunas y comprando su propia libertad una vez cumplidos los tiempos de servicio pactados u obligatorios, de modo similar al papel que desempeñan los deportistas de élite en la actualidad, salvando las distancias obviamente.
La construcción viaria establecía rutas estables no sólo con fines estratégicos, sino comerciales, de tal suerte que las calzadas suponían verdaderas arterias por las que fluían todo tipo de mercancías de un lado al otro del mediterráneo, produciéndose una gran especialización en las producciones que exportaba cada territorio en base a su calidad, posiblilidades de producción y proyeccion comercial en el imperio.
Existía una normalización en pesos y medidas generalmente aceptada. Por otra parte, la circulación fiduciaria era controlada por el estado, con mayor o menor fortuna. En tiempos de crisis económicas se envilecían las aleaciones de metales. En particular son destacables las inflaciones anteriores al gobierno de Aureliano (Ultimo tercio del siglo III), que consistieron en una pérdida de valor de la moneda de plata, que pasó a contener menos de un 5 por 100 de ese metal, por lo que se exigían los pagos en oro.
Roma inventa el centro comercial casi tal y como hoy lo conocemos. Si bien el Foro es el lugar elegido para la vida pública y comercial de Roma, es Trajano (principios del siglo II) quien construye en ese entorno un verdadero mercado con varias plantas, tiendas distribuidas por especialidades y diversos servicios, con una extensión, arquitectura y concepto que no se volverá a repetir hasta el siglo XX. El famosísimo Mercado de Trajano sigue existiendo en el Foro del mismo nombre y fue utilizado para el propósito para el que fue construido durante varios siglos y desde luego con posterioridad a la caída del Imperio Romano.
En época de Adriano (principios del siglo II), se establece la Ley Alimenticia, por la que el Estado se hace cargo del mantenimiento de niños desaparados, siendo miles los que se beneficiarán de esta institución que se mantiene en diversas formas hasta bien avanzado el siglo III.
Son cientos los ejemplos a los que nos podíamos referir, a cual más apasionante, y en la antigüedad se observaban fenómenos como la inflación, la oscilación de los precios en base a la oferta y la demanda, la especulación, las carestías o el desabastecimiento. La mayoría de los elementos de la economía moderna están ya presentes en Roma, donde el Estado intervenía en la actividad económica tanto o más que en la actualidad.


