En plena era digital, tan concienciados con que no se talen los bosques y recortando todo lo habido y por haber, resulta que los libros de texto cada día son más caros y además menos reutilizables. Las editoriales se encargan de que los niños escriban en ellos, poniendo ejercicios en el propio libro, y además realizan constantes modificaciones que no se justifican en los cambios de los planes de estudios.
Así, las familias se ven obligadas a desembolsar varias veces por el mismo contenido, simplemente porque nadie se ha preocupado en regular que los temarios de ciertas materias no se puedan cambiar a capricho y que si un colegio elige un libro de una editorial, permita a sus alumnos que usen cualquier edición del texto que no tenga una determinada antigüedad.
No puede ser que la educación sea un sacaperras innecesario y sin aportar nada ni que los libros de texto se consideren un material de consumo más. Deberían reutilizarse hasta la extenuación de sus páginas y cuidarse como oro en paño para que otro niño o joven pueda aprovecharlo en el futuro. Gastar por gastar, simplemente para alimentar una industria que tiene y ha tenido evidente influencia en los legisladores no es precisamente favorecer a las familias ni la educación de sus hijos. Por otra parte, perjudica a una Administración embarcada en muchas Comunidades Autónomas en sufragar los libros de texto.
Ya es hora de que se tome en serio este asunto, porque se podría ahorrar mucho dinero sin desmerecer en nada la educación, sino antes bien, educando a los niños y jóvenes en que cuidar un libro para que pueda ser reutilizado es un acto de civismo y de buena educación. Además, los libros de texto acaban tirados de una año para otro en un despilfarro que quizás ni debamos ni nos podamos permitir. Algunos harían menos negocio, pero la educación no es un negocio, precisamente.



Comentarios
La educación como negocio - Qué se esconde tras los libros de texto
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